Comunidad viva, parroquia evangelizadora
Miércoles 26 de abril: Formación parroquial sobre la oración

Miércoles 26 de abril: Formación parroquial sobre la oración

El miércoles 26 de marzo, después de la misa de 19,30 h., tendrá lugar el cuarto encuentro de formación sobre la oración. El tema escogido es: «La enseñanza de los grandes orantes: Santa Teresa». La necesidad formativa de nuestra comunidad se detectó a raíz de las aportaciones de la última asamblea. José Emilio, sacerdote adscrito a Santa Rosa de Lima y párroco de Ntra. Sra. de los Remedios, es el responsable de acompañar estos espacios de profundización en la fe. La valoración de los participantes es siempre muy positivo y por ello en cada encuentro la presencia de miembros de la comunidad es mayor. En el tiempo cuaresmal, además, la oración requiere una especial dedicación, junto con el ayuno y la limosna.

En el tema introductorio, José Emilio compartía con los presentes estas palabras:

Un año –ya no recuerdo los detalles– la cuaresma en la catedral de San Patricio, en Nueva York, fue predicada por un famoso jesuita que escogió como tema la oración. Causó mucha admiración, pero el elogio que más mella le hizo fue el de un viejo cura que, a la vista de tantos y tan extensos discursos, le dijo que en sí la cosa había sido extraordinaria por el esfuerzo gigantesco que suponía, «ya que, como usted sabe, padre, —y bajaba la voz en tono de conspirador— la oración es la cosa más simple que hay…».

Simple, porque Dios no puede querer que sea complicada. El primer interesado en que fluya nuestra oración es Dios. Es más, como ocurre con toda nuestra vida de fe, él es el protagonista, quien da el primer paso, quien más trabaja cuando rezamos. Lo nuestro será quitar obstáculos, «barrer la puerta» para que él entre a sus anchas. Y quizás eso es lo que más nos cuesta, no por difícil, sino por las consecuencias de ponernos a tiro de Dios: cuando él cruza el umbral, nada queda como estaba.

La simplicidad de la oración, su claridad, su falta de complicación, es lo último que conocemos o deseamos conocer […]. El acto de la oración consiste en ponerse indefenso delante de Dios. ¿Qué hará él? Tomar posesión de nosotros. Y que acontezca esto es la única finalidad de la vida1.

1 W. BECKETT, Sister Wendy on Prayer, Harmony Books, New York 2006, 33.38.