Comunidad viva, parroquia evangelizadora
Resumen del capítulo II de «Fratelli tutti»

Resumen del capítulo II de «Fratelli tutti»

CAPÍTULO II: UN EXTRAÑO EN EL CAMINO

Nos acercamos esta semana al capítulo II de la encíclica Fratelli tutti. Lleva por título “Un extraño en el camino”, y en él el papa nos invita a mirar la realidad desde la parábola del buen samaritano, interpelando nuestra vida personal, eclesial y social ante cualquier justificación de la indiferencia como la única respuesta posible ante los heridos del camino. En cambio, Francisco nos propone una cultura diferente orientada a superar las enemistades y a cuidar los unos de los otros. A partir de la constatación de que vivimos centrados en nuestras necesidades y pasamos de largo ante los caídos y vulnerables, el papa afirma que somos “analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles”, y que “nos molesta el dolor ajeno”, “síntoma de una sociedad enferma”.

Jesús, en la parábola del buen samaritano nos muestra un camino diferente que está inscrito como ley fundamental de nuestro ser: hacernos prójimos, compadecernos del herido del camino y rehacer la fraternidad. Es decir, abrirnos a nuestra vocación de ser ciudadanos del propio país y del mundo entero. Ante tanta herida y tanto dolor la parábola propone reconstruir la comunidad “a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de la exclusión, sino que se hacen prójimos y rehabilitan al caído para que se haga el bien común”, pues “eso es dignidad”. Una tarea de la que todos somos corresponsables, no sólo los que tienen responsabilidades políticas, pues ser pueblo consiste en “ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído”, “desde lo más concreto y local hasta el último rincón de la patria y el mundo”.

Este capítulo termina con una referencia a Mateo 25: “Fui extranjero y me acogisteis”. Jesús tenía un corazón abierto, capaz de identificarse con el otro sin importarle donde había nacido o de donde venía. Por eso, estas palabras tienen para los cristianos una “dimensión trascendente: implican reconocer a Cristo en cada hermano abandonado o excluido”.

Recogiendo el sentir de Mateo 25 y el imperativo que tenemos los cristianos de reconocer a Jesús en el descartado o abandonado, continuamos con dos nuevas frases de la encíclica para la reflexión y oración personal de esta semana.