Comunidad viva, parroquia evangelizadora
Adviento también es tiempo de perdón y conversión

Adviento también es tiempo de perdón y conversión

El jueves 2 de diciembre tuvo lugar el acto penitencial de Adviento. La liturgia de la palabra previa a la confesión individual hacía hincapié en la necesidad de vivir en clave de conversión interior, la necesidad de ser perdonados por Dios y la alegría que brota de una existencia sanada por el Señor. Esta celebración penitencial también buscó reforzar a través de la oración y el silencio la actitud de vigilancia tan propia de este tiempo litúrgico.

El Papa Francisco alentaba a los fieles durante el angelus del 28 de noviembre con las siguientes palabras: «La vigilancia significa esto: no permitas que tu corazón se vuelva perezoso y que tu vida espiritual se ablande en la mediocridad. Ten cuidado porque se puede ser «cristiano adormecido» —y nosotros lo sabemos: hay tantos cristianos adormecidos, cristianos anestesiados por la mundanidad espiritual— cristianos sin ímpetu espiritual, sin ardor en la oración, que rezan como papagayos,sin entusiasmo por la misión, sin pasión por el Evangelio. Cristianos que miran siempre hacia adentro, incapaces de mirar el horizonte. Y esto nos lleva a «dormitar»: a seguir con las cosas por inercia, a caer en la apatía, indiferentes a todo menos a lo que nos resulta cómodo. Y esta es una vida triste, andar así… no hay felicidad allí. […] Y añadamos un ingrediente esencial: el secreto para ser vigilantes es la oración. Porque Jesús dice: «Estén atentos orando en todo momento» (Lc 21,36). Es la oración la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Especialmente cuando sentimos que nuestro entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la centra en lo que importa, en el propósito de la existencia. Incluso en los días más ajetreados, no descuidemos la oración.  «