
El 1 de febrero, las personas mayores celebraron la fiesta de sus santos patronos, Simeón, anciano honrado y piadoso, y Ana, viuda y profetisa, «que merecieron recibir y saludar a Jesús niño como Mesías y Salvador, esperanza y redención de Israel, en el momento en que, según la ley, fue presentado en el Templo».
El testimonio de Simeón y Ana nos habla de la importancia de los ancianos en la Iglesia. ¡Cuántos de ellos, en nuestras parroquias y comunidades, no se apartan «del templo día y noche, sirviendo a Dios con trabajos y oraciones», como afirma el Evangelio de San Lucas de estos dos ancianos! Los mayores son la memoria agradecida que se alegra con las maravillas que sus ojos han visto a lo largo de los años y bendicen a Dios con cada nueva criatura que se incorpora a la gran familia de los hijos de Dios.
El pasado sábado celebramos la Eucaristía de acción de gracias a los mayores en la parroquia, y después una merienda compartida . ¡Agradecidos de su aportación que nos ayuda a ser comunidad!


