
CAPÍTULO III: PENSAR Y GESTAR UN MUNDO ABIERTO
Continuamos este quinto Domingo de Pascua acercándonos al capítulo III de la encíclica Fratelli tutti.
Lleva por título “Pensar y gestar un mundo abierto”, en él el papa Francisco nos propone una antropología del encuentro frente a una concepción individualista de la persona para construir corazones abiertos a los demás, sin condicionantes de ningún tipo, tomando conciencia de que compartimos un destino común y estamos llamados a construir una comunidad de hermanos que se acogen recíprocamente.
El papa plantea el término de amistad social, fundamentada en la caridad que Dios nos infunde y en el reconocimiento de que todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse íntegramente. Francisco insiste en que invertir en favor de los débiles es un deber de justicia, y por eso la libertad económica requiere un Estado activo que invierta para que las personas más desfavorecidas puedan vivir con dignidad y desarrollarse plenamente.
Es categórico cuando afirma que si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, la fraternidad será una expresión romántica más. Buscar primero la dignidad de toda persona implica vivir desde una solidaridad que piensa y actúa en términos de comunidad, que prioriza la vida de todos sobre la apropiación de bienes por parte de algunos, que lucha contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda y contra la negación de los derechos sociales y laborales.
El papa Francisco plantea las exigencias prácticas de apostar por un corazón abierto al mundo. Por ello vuelve a referirse a la cuestión migratoria, aborda la relación entre Oriente y Occidente, resalta la importancia de la ayuda mutua entre los países y apuesta por la necesidad de un ordenamiento mundial jurídico, político y económico que incremente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de los pueblos, desde la escucha a las naciones más pobres.